No todo se cura con fármacos

No todo se cura con Fármacos

Por Raúl Courel Para LA NACION

Fármacos.

Farmacos. La ciencia y la técnica hacen maravillas. De la penicilina al interferón, del telégrafo a Internet, todo alimenta la idea de que ellas son el mejor instrumento para dominarlo todo. Gracias a los nuevos métodos de diagnóstico por imágenes y a otras tecnologías, se han reanimado viejas esperanzas de explicar las complejidades de la mente humana estudiando la fisiología y la bioquímica del cerebro. La empresa, sin embargo, ha empezado a tocar sus límites.

Stevan Harnad, un psicólogo de la Universidad de Southampton, en Inglaterra, subrayaba hace poco en la revista The Sciences el fracaso de las neurociencias en explicar la conciencia. Según este investigador, eso se debe a que no se ha resuelto el antiguo “problema mente-cuerpo”, que se pone de manifiesto cada vez que se trata de relacionar objetos “mentales”, como los pensamientos o los sentimientos, con objetos “corporales” o “físicos”, como las neuronas o los procesos fisiológicos y químicos del sistema nervioso.

Estos últimos, dice Harnad, no son otra cosa que materia y energía, la misma con la que trabajan los físicos, los químicos, los biólogos y los ingenieros. Los objetos mentales, en cambio, no son corporales en el sentido de la materia y la energía. Posiciones como ésta reafirman el concepto de Descartes de que el pensamiento y el cerebro están hechos de sustancias distintas, contradiciendo el criterio monista que prima en la ciencia contemporánea.

Un filósofo de la conciencia, David Chalmers, ha hecho notar que el afán de concebir todo al modo de los físicos, los biólogos y los ingenieros ha llevado a construir una psicología no de sujetos sino de autómatas y zombis. El problema es que no alcanza. Una computadora, por más poderosa que sea, no puede hacer matemáticas: se necesita un matemático. Por otra parte, no hay en el genoma humano un cromosoma que explique la diferencia entre pensar un número imaginario y otro real, ni existe un resorte biológico capaz de despertar la fe religiosa o de lograr que un paciente colabore con su médico.

Farmacos y Dependecia.

El deseo perdido

La doctora X, convencida de que las ideas no son otra cosa que procesos cerebrales, consulta sobre problemas en su matrimonio. Si bien como científica se inclina a creer que el amor de Romeo por Julieta no fue más que el resultado de un coctel de serotoninas, opiates y oxitocinas, no confía en que una droga pueda devolverle a su marido el deseo que antes sentía por ella y que ahora supone que destina a su mejor amiga.

El psicoanálisis, por su parte, ha venido tratando cuestiones que la neurobiología dejaba de lado o cuya consideración postergaba. Hace ya más de cien años, Freud rebatía la postura de que los sueños, llenos de imágenes incomprensibles, fueran el resultado de la actividad aleatoria de las células cerebrales, las neuronas. Demostró que cada uno de sus contenidos guarda relaciones identificables con el pensamiento consciente y con otros inconscientes y reveló la existencia de regulaciones más afines a las que estudian las disciplinas que se ocupan del lenguaje y no de materias físicas. Descubrió, asimismo, que las neurosis operan con mecanismos similares y que su cura no puede lograrse con químicos.

Un psicofármaco puede impedir que la pérdida de un ser querido nos tire al suelo de la depresión, pero no es capaz de hacer que sea una causa de alegría. Es que el significado de los hechos no procede de sustancias ni es modificable por ellas. Sí lo es, en cambio, mediante palabras.

Una palabra bien escogida puede cambiar un estado de ánimo en forma tan directa como una palanca que mueve un sólido, distinta a la lenta saturación de un tejido producida por una emulsión de laboratorio. En consecuencia, si bien sin cerebro no es posible tener pensamientos ni afectos, éstos no son la misma cosa que un proceso cerebral. Es una tranquilidad que así sea porque, entonces, cuando alguien se empeñe en convencernos de algo, no tratará de conectarnos sus terminaciones nerviosas con el propósito de que sus neurotransmisores migren hasta nuestro lóbulo frontal.

El autor es psicoanalista y fue decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

 

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La tiroides: el titiritero del cuerpo.

La tiroides: el titiritero del cuerpo.

PUBLICADO: 14 abr 2016
POR: Andrea González Mesén
FOTO: Revista Perfil

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Como si se tratara de un titiritero con su muñeco. Así funciona la tiroides con el cuerpo, al producir y liberar las hormonas T3 y T4 en el sistema sanguíneo que, a su vez, influyen en el funcionamiento de las células y controlan el gasto energético del organismo. Es decir, de su función depende casi todo el cuerpo. De ahí su importancia.

En Costa Rica las cifras de afectación de la tiroides son altas. Datos del Registro Nacional de Tumores del Ministerio de Salud señalan una tendencia al alza. Mientras que en el 2010 se registraban 19,3 casos de tumores malignos por cada 100.000 mujeres, en el 2013 la cifra subió a 24,9.

Nueve de cada diez pacientes con alguna afectación son mujeres. Una cifra que sorprende, pero no es del todo extraña para los expertos que la vinculan con temas hormonales sobre todo en edad fértil.

La causa de la aparición de este des-balance aún no se ha identificado, y mucho menos su incremento en el país. Los especialistas hacen alusión a los llamados eventos gatillo o detonantes.

Se trata de cambios fuertes, altercados importantes, pérdidas familiares y hechos muy estresantes que despiertan un padecimiento que quizá estaba dormido, lo que confirma su vínculo con aspectos emocionales.

Lo que sí se tiene claro es que es una afección hereditaria y aunque en la mayoría de los casos no tiene cura, sí cuenta con tratamientos que normalizan su funcionamiento.

Variantes. Al ser la glándula encargada de regular el metabolismo y el funcionamiento de las células, se puede caer en dos principales males: el hipertiroidismo, por el exceso de producción de hormonas, o en contraparte el hipotiroidismo, cuando se presenta una falta de hormonas en la sangre.
“La tiroides se encarga de la etapa metabólica del organismo. Dicta la velocidad con la que trabaja el cuerpo. Por ejemplo, las funciones en una persona con deficiencia van a ser más lentas, pero si hay un exceso las funciones van a ser más rápidas”, explicó Óscar Badilla, endocrinólogo de la Clínica Bíblica.

Para el médico la detección temprana es quizá lo más relevante, en especial cuando existe historial de la enfermedad en la familia. Lo mismo si se detectan síntomas como los cambios repentinos de peso y de humor.

Aunque es sabido que la glándula tiene relación con todo el cuerpo el mayor vínculo lo mantiene con el funcionamiento del cerebro.

“Si el cerebro trabaja más lento la persona puede caer en depresión o tener cambios en el estado de ánimo; si trabaja mucho más rápido puede hacer que la persona se vuelva agresiva”, destaca el médico.

Otro aspecto relevante en mujeres es la influencia que esta glándula tiene durante la etapa de fertilidad. De hecho, la mayoría de los casos se activan entre los 20 y 45 años. Por ello, expertos recomiendan realizarse exámenes médicos a quienes deseen concebir.

“La incidencia de tumores malignos en la tiroides de mujeres costarricenses aumentó un 29% en los últimos tres años.”

Una variación en las hormonas tiroideas puede generar trastornos durante la gestación tanto para la madre como para el niño, entre ellos: mayor riesgo de abortos, partos prematuros, retraso de crecimiento dentro del útero o problemas en el desarrollo intelectual durante su crecimiento.

Depresión. No poder dormir, sentirse profundamente triste después del embarazo, irritabilidad, cambios físicos como aumento o pérdida de peso que a su vez repercuten en la imagen que tiene la persona de sí misma, son características típicas de un cuadro de depresión. No obstante, no siempre es así.

El sicólogo William Buckley Cubero explicó que al tener la tiroides protagonismo en los balances químicos del cerebro es frecuente encontrar pacientes con problemas depresivos y de personalidad, que en realidad sufren alteraciones de esta glándula. Esto no quiere decir que no exista otro mal detrás.

El hipertiroidismo podría generar estados ansiosos por exceso de energía. Mientras que en el hipotiroidismo es más común el subdiagnóstico de la depresión.

“Es necesario entender que la depresión existe. Es un padecimiento real. Las incapacidades de la Caja Costarricense de Seguro Social por esta causa son muy altas y vienen en aumento. La afectación de la tiroides puede impulsar a alguien al punto de no poder realizar sus actividades diarias con normalidad, y eso es real”, menciona Buckley.

Según Buckley es mayor la cantidad de pacientes que llega a consulta inicialmente por otras causas, que aquellos referidos con diagnóstico. Por ello, en muchos casos reina la angustia de no saber por qué se dan cambios sicológicos y físicos.

“En la mayoría de casos el desorden de la tiroides no tiene cura, pero su detección temprana reduce los efectos secundarios y contribuye a mejorar la calidad de vida.”

Verse en un espejo de repente obeso o muy delgado, con los ojos saltados, con poco cabello y que la gente pregunte qué pasa y no entender, es realmente frustrante, argumenta el psicólogo.

Lo ideal es que una vez diagnosticada la enfermedad, a través de exámenes médicos y de sangre, la persona mantenga una red de apoyo, que le ayude a canalizar los cambios. Saber que lo que le está sucediendo es real y no pura locura baja un poco los niveles de angustia; no obstante, los síntomas desaparecerán hasta que se inicie con la medicación correcta.

“La gente no entiende y esto se vuelve en agresión. Es muy común escuchar que alguien está triste, pero peor es escuchar respuestas tan duras como: no sea pendejo, levántese y báñese. Estas son personas que no logran entender por lo que pasa un paciente con este mal”.

Los vínculos afectivos son causas directas de depresión. En el caso de las mujeres, las depresiones posparto son muy mal vistas, pero son afectaciones reales. Son tristezas que deben ser atendidas y en muchos casos se tratan hasta años después cuando surgen problemas en los vínculos con sus hijos.

Si bien hay quienes no llegan a sufrir de estos síntomas, la detección temprana de la enfermedad y un tratamiento adecuado le ayudarán a evitarlos. No se automedique, consulte a un experto.

Síntomas de alteración en la glándula tiroides:

-Insomnio
-Aumento de ansiedad
-Irritabilidad
-Cambios de comportamiento muy marcados
-Cambios físicos repentinos

Recomendaciones:
Chequeo médico general y exámenes de sangre, una vez al año y cuando se generan cambios bruscos.

Establecer un tratamiento. Siempre un diagnóstico implica un impacto en cada persona.

Fuentes:

Óscar Badilla, endocrinólogo de la Clínica Bíblica (Tel.: 2522-1000) William Buckley Cubero, sicólogo, Torre Médica Momentum Pinares (Tel.: 2271-5200) Registro Nacional de Tumores Ministerio de Salud.